María Teresa Andruetto tendrá, en este Congreso de la Lengua, la última palabra.

La escritora cordobesa tendrá la última palabra. “Los escritores nos movemos entre la tradición y la ruptura”, aseguró.

Verdadera maestra de la lectura y la escritura, fina escritora cuyo universo ronda las marcas del pasado reciente y las huellas de la memoria, María Teresa Andruetto tendrá, en este Congreso de la Lengua, la última palabra. Cordobesa y egresada de la universidad más antigua del país, en ella confluyen el deseo y la habilidad de escribir tanto para adultos como para niños. Por sus libros para los más pequeños, en 2012 ganó el prestigioso premio literario Hans Christian Andersen, también llamado el Nobel de la literatura infantil.

Durante más de veinte años recorrió el país realizando talleres en escuelas, formando docentes y difundiendo la literatura infantil, sobre la que también teorizó y escribió ensayos. Autora de libros como Lengua madre, La mujer en cuestión y Stefano, Andruetto tiene a su cargo las palabras de cierre del Congreso de la Lengua, esas que quedarán resonando en nuestros oídos Este compromiso trajo aparejado para ella la participación en varios rituales. Como el de dejar un “legado” en la sede del Instituto Cervantes, en España.

“El Cervantes funciona en un edificio antiguo que pertenecía a un Banco, muy lindo, que se ha puesto en valor, allí hay una caja fuerte que el Instituto decidió destinar a legados de distintos escritores, científicos y artistas. Me pidieron el mío, estará junto con los de Atahualpa Yupanqui y Alejandra Pizarnik, me impresionó la asociación con ellos. En general se eligen originales, cartas con otro escritor de importancia, u objetos personales, como una máquina de escribir. Pero hoy en día ya casi no se escriben cartas, los originales los tengo en la computadora y la máquina de escribir la perdí no sé dónde. Así que decidí hacer una selección de cosas que pueden parecer graciosas: una edición en miniatura de mi novela Stefano, una edición homenaje que hizo la Biblioteca Nacional, del tamaño de una caja de cigarrillos que se expende por una máquina. También puse una selección de tarjetas que me hicieron de regalo cuando gané el Andersen, con frases de mis libros e ilustraciones de artistas argentinos. Y una copia en papel especial del discurso del Andersen, donde se puede ver que provengo de un pueblo, que soy hija de inmigrantes, que estudié en la universidad pública, un lugar de inclusión muy fuerte en la Argentina. Puse todo en una caja de dulce de leche, de las que se usaban antes, cuando el dulce de leche se vendía suelto en los almacenes. Ahí metí mi legado”, cuenta, risueña, al inicio de la entrevista telefónica.

 

–¿Cuáles serán las principales líneas de su intervención en el cierre del Congreso?

– La idea es poner el foco en las tensiones entre lengua y habla, entre la legislación de la lengua y los usos que hacemos los hablantes. Y también los usos que hace el escritor, que siempre hace unos recorridos que presionan la norma y buscan sus desvíos. La literatura siempre ha crecido así, tratando de hacerle decir a la lengua algo más. Hablaré desde ese lugar de escritora, porque yo no soy una especialista en la lengua. Los escritores trabajamos con la lengua, quizás de una manera disruptora, llena de meandros, un escritor es alguien que se mueve siempre en un punto de tensión entre la tradición y la ruptura, la normatividad y la transgresión.

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