El ídolo volvió y dio la vuelta con la Academia.

Luego de su exitosa carrera europea, y su paso por Brasil, volvió del país vecino para cumplir un deseo que anhelaba de pequeño.

 

 En su versión otoñal, primordial y descomunal en el flamante Racing campeón, Lisandro López ya integra la galería de los futbolistas que tras una larga y fecunda trayectoria son premiados con un desenlace luminoso.

Premiado y a la vez un cabal merecedor del premio, desde luego, en la medida que el jubiloso presente de “Licha” López se corresponde menos con un guiño de fortuna que con la metódica siembra de cada día.

Había que estar físicamente apto e incluso un poco más, fresco de sesera y revitalizado en las ganas de jugar, de aportar, de incidir de forma positiva, para dar la talla en un Racing de vara muy alta.

Racing y su entrenador Eduardo Coudet, inspirador de un equipo de alto voltaje, de los que a grandes rasgos se dan en llamar "protagonistas", intensos y querendones.

Capitán, buque insignia, medida del apego a la camiseta y de sueños que, ya es un hecho, se hicieron realidad, el delantero de 36 años con basta experiencia europea y que volvió de Brasil para ser campeón con Racing, aprobó con altas notas en todos los indicadores: entendimiento, solidaridad, impregnación, goles.

Entre aquel chiquilín eléctrico y electrizante goleador del Torneo Apertura 2004 y el que hoy tiene en el bolsillo la suma más alta de anotadores de la Superliga ha pasado bastante más agua que la del mero transcurrir de los almanaques.

Ha enriquecido, López, el valor la experiencia deportiva en su sentido más extenso y abarcador: como vía regia de la madurez personal propiamente dicha que por extensión ayuda a multiplicar los panes en el campo de juego.

Notorio, desequilibrante y brillante en Porto de Portugal y Olympique de Marsella, digno y protocolar en Al-Gharafa de Qatar, inocuo en Internacional de Brasil, acaso el punto más opaco de la trayectoria de López se cifre en su vínculo con la Selección Nacional.

Siete presentaciones y un gol parecen demasiado poco para un delantero de su porte, incluso con la atenuante de haber sido contemporáneo de unas cuantas luminarias.

Al respecto, en su momento formuló declaraciones de inequívoco desencanto: "En Porto y en Lyon andaba bien, jugaba bien, me sentía bien, hacía 25 goles por año, hacía todo para estar, pero las chances no llegaron".

De ahí que tampoco hesitó en confesar que la Selección dejó de ser de su interés ("no me llama") y que hasta declinó mirar el Mundial de Rusia por televisión.

Aludimos al originario de Rafael Obligado, pichón de crack adolescente en Jorge Newbery de Rojas, gran figura del Porto ganador de cuatro ligas al hilo, sustituto de Karim Benzema en Lyon y considerado el mejor de Francia en 2010.

Lisandro López, un hombre de 36 años que anda por la vida dichoso como un niño con juguete nuevo, por la sencilla y sagrada razón de que ha hecho cumbre en Racing, su lugar en el mundo.

 

 

Fuente: Ámbito Financiero

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