El primer ministro Benjamín Netanyahu, tras conocer los primeros resultados electorales. THOMAS COEX FOTO: AFP)

El primer ministro conservador y el candidato de centro siguen a la par, pero el Likud cuenta con el apoyo de los partidos de la derecha.

En las elecciones más reñidas en Israel desde hace una década, los últimos resultados apuntan a un empate técnico con el 97% de los votos escrutados. El primer ministro, el conservador Benjamín Netanyahu, obtendría 35 diputados, al igual que su rival centrista, el exgeneral Benny Gantz, de los 120 escaños de la Kneset (Parlamento).  

La Asamblea quedaría muy fragmentada entre otra decena de partidos, pero la proyección de la suma de fuerzas de la derecha apunta a hacia un nuevo Ejecutivo de coalición encabezado por Netanyahu y respaldado por unos 65 escaños.

ENCUESTA A PIE DE URNA DEL REPARTO DE ESCAÑOS

 Ambos candidatos han proclamado su victoria antes de conocerse los primeros resultados oficiales. "Hemos ganado. Los ciudadanos han dicho la última palabra", ha afirmado Gantz tras publicarse los sondeos. "Como líder del partido más votado, reclamo el derecho a dirigir la formación de Gobierno", anunció. "El bloque conservador ha obtenido una gran victoria esta noche", ha replicado poco después Netanyahu, quien se mostró dispuesto a formar un nuevo Gabinete de inmediato.

 “Salid del agua y votadme”, fue el mensaje que había lanzado el primer ministro a quienes sacaban partido de la semifestiva jornada electoral en una playa de Netanya, al norte de Tel Aviv. El líder del Likud prosiguió incansable su campaña hasta el último minuto. “Si queréis que sigamos gobernando el Likud y yo tenéis que ir a los colegios electorales antes de venir a la playa”, recriminó a los bañistas, “o mañana os despertaréis con un primer ministro de izquierda”.

Con las escuelas, fábricas y oficinas cerradas, muchos israelíes se dirigieron hacia las playas en uno de los primeros días cálidos y soleados tras un invierno inusualmente largo en Oriente Próximo. La participación electoral cayó hasta el 68% de los 6,3 millones de electores censados, cuatro puntos inferior a la de las legislativas de 2015, en las que la tasa de afluencia final a las urnas rozó el 72%.

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