Anaqueles de un supermercado en Cuba (foto: bbc.co.uk)

“El tono del Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba es cada vez más amenazador”, avisó el miércoles pasado Raúl Castro.

Cuba se prepara para afrontar un nuevo periodo de escasez y penurias económicas. Y, otra vez, resistir es la principal consigna. Lo ha dicho bien claro el primer secretario del Partido Comunista, Raúl Castro, eso sí, intentando tranquilizar a la población al advertir de que “no se trata de regresar a la fase aguda del Periodo Especial”, la crisis provocada por la desintegración del campo socialista a comienzos de los años noventa, cuando el PIB cayó un 35% en tres años y los apagones llegaron a ser de 12 horas diarias, un recuerdo que todavía provoca pavor en varias generaciones de cubanos.

A la siempre delicada situación económica de la isla, se suma ahora el cerco de EE UU a Venezuela, su principal aliado, y el recrudecimiento del embargo contra Cuba, un “turbulento escenario” que, en palabras de Raúl Castro, hace que el país deba prepararse “para la peor variante”.

 “El tono del Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba es cada vez más amenazador”, avisó el miércoles pasado el exmandatario cubano en un discurso ante el Parlamento, en el que aseguró que “el fortalecimiento del bloqueo y la continua aplicación de la Ley Helms-Burton persiguen el viejo anhelo de derrocar a la Revolución Cubana por medio de la asfixia económica y la penuria”.

El sábado, quien le relevó en la presidencia, Miguel Díaz-Canel, remató la idea: Trump ha llevado “los lazos bilaterales a su peor nivel en décadas”, extremando la persecución financiera y destrozando el acercamiento entre Washington y La Habana. “Para decirlo en buen cubano: la crudeza del momento nos exige establecer prioridades bien claras y definidas, para no regresar a los difíciles momentos del Periodo Especial”, dijo a los diputados.

La sola mención de esa época hiela la sangre a muchos cubanos, que conservan en la memoria los años duros de los apagones y la crisis salvaje, cuando el país prácticamente se paralizó y los ciudadanos perdieron el 70% del poder adquisitivo. Desde hace meses, en los mercados de toda la isla comenzó a sentirse el desabastecimiento de productos básicos como la harina, los huevos, el pollo, el aceite y algunas medicinas, lo que provocó colas, broncas entre la gente y medidas para evitar el acaparamiento, incluida la venta controlada de productos deficitarios —últimamente, cuando sacan pollo en una tienda, solo se venden dos por persona—.  

También, ocasionalmente, se ha perdido el suministro de gasolina por unos días y ha habido apagones aislados, lo que unido a las noticias que llegan desde Venezuela —el primer socio comercial de Cuba y de donde viene, a precio preferencial, el 50% del petróleo que consume el país—, ha resucitado el fantasma del Periodo Especial.

Tanto Castro como Díaz-Canel han tenido mucho cuidado en explicar que nada tiene que ver el mal momento que se avecina con la crisis de hace tres décadas, pues la economía hoy está mucho más diversificada. La dependencia de Venezuela es grande, pero mucho menor de la que existía con la antigua URSS y el campo socialista —con quien la isla realizaba el 85% de sus intercambios comerciales—.

Aún así, si el Gobierno de Nicolás Maduro cayera, el impacto en la economía cubana sería considerable —economistas como Pavel Vidal o Carmelo Mesa-Lago calculan que podría descender un 10% el PIB cubano—. A ello se suma lo que Raúl Castro llamó “el incremento de la guerra económica de EE UU”, igual que pasó en los noventa, cuando en medio de la escasez galopante Washington promulgó las leyes Torricelli y Helms-Burton para desincentivar la inversión extranjera.

Las presiones de EE UU para espantar a empresarios extranjeros y que importantes bancos no operen con Cuba son una realidad. Lo confirma la Junta Directiva de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba, que aglutina a 260 firmas con negocios e inversiones en la isla. “Hay compañías que han recibido notificaciones de entidades de Florida en las que se advierte de que si hubiera cambios políticos en Cuba, se tomarían medidas contras quienes hoy hacen negocios con la isla”, dice uno de sus miembros.

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