El cruce de avenida Sarmiento y Marco Avellaneda resulta un dolor de cabeza para los que habitualmente circulan por allí.

En algunos puntos de la ciudad los dispositivos permanecen intermitentes o no funcionan. Esta falencia expone a los ciudadanos a situaciones que son evitables con un control adecuado.

 

 El reloj marca las 07:50. Esquina transitada de la ciudad. Vehículos que se cruzan en algún punto con direcciones diferentes. Y en ese cruce, de pronto el paisaje se transforma. Trabajo, escuela, trámites, son algunos de los destinos de miles de tucumanos cuando comienzan su día.

La lógica indica que un semáforo funciona como regulador del tránsito. Lo instruye, lo dirige, lo calma. Pero como las cosas no siempre son lo que debieran ser, todo se desmorona en una simple esquina y el orden de pronto se transforma en caos. ¿El motivo?. Semáforos intermitentes. Semáforos sin funcionar. Es decir no cumplen su rol fundamental. Se estima que hay más de 1.500 semáforos en la ciudad. El rojo, verde y amarillo, se apagan y así el panorama en algunas intersecciones se torna traumático.  

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El tránsito en la ciudad de San Miguel de Tucumán se volvió en los últimos años un desafío para aquellos que cotidianamente se lanzan a la aventura de transitar por las calles. Un parque automotor que resulta excesivo, calles y avenidas en mal estado, poco apego en algunos casos a las normas de tránsito, y como condimento extra aparece la falta de funcionamiento de algunos complejos semaforizados. 

Este último punto resulta una cuestión peligrosa en muchas esquinas de la capital y exponen a cualquiera a algún accidente, no solo quienes circulan en vehículos, sino también aquellos que son peatones. Cuando en realidad deberían cumplir el rol de ordenadores del tránsito, a veces terminan siendo un dolor de cabeza para los que conducen cualquier tipo de vehículo.
 En ese marco, es evidente la falta de control o mantenimiento de parte de las autoridades municipales, que deberían ser las encargadas de  verificar el normal funcionamiento de los semáforos, algo elemental si es que se pretende mejorar el tránsito en la ciudad. 

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Otra queja que resulta un denominador común de los ciudadanos está relacionado con el sistema de programación de los semáforos. En algunas intersecciones la espera parece interminable por que la onda verde resulta muy breve. Y eso trae como consecuencia cierta congestión en algunos horarios pico. 

Puntos críticos

"Nunca funcionaron. El tránsito es de terror. La zona comercial está cayendo porque no se puede estacionar". El testimonio pertenece a un vecino de la zona de avenida Sarmiento y Marco Avellaneda. 

Ese sector de la ciudad tiene un movimiento importante ya que hay bancos, comercios, y mucha gente utiliza la avenida Sarmiento para llegar a Tribunales Penales. 

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Un taxista que habitualmente circula por ese lugar, consideró fundamental que el complejo semaforizado esté operativo. 

En la esquina de Córdoba y Marco Avellaneda, zona de los túneles,  la situación es similar. Daniel trabaja en la zona y dijo que los semáforos funcionaron un mes y después nunca más. "Es fundamental que funcionen para que se acomode el tránsito", pidió.

José, que maneja un taxi, dijo que el cruce es complicado. Y además, dijo que el problema se replica en otras intersecciones. 

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Por la zona, también se encuentra el club Tucumán y Gimnasia. En más de una oportunidad las autoridades de la institución alertaron ante la falta de semáforos en el lugar. Sobre todo por la gran cantidad de chicos que acuden a las instalaciones deportivas.

En definitiva, está claro que la falta de funcionamiento de algunos semáforos, convierte a la ciudad en un campo sin límites en donde todos están expuestos a sufrir algún percance, que podría evitarse con mayor control de las autoridades del municipio capitalino.

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