Se refirió al impedimento a que dos ministros hablaran en la inauguración del año pasado.

La directora de la Fundación El Libro, primera mujer a cargo de la misma, manifestó los puntos claves del evento que iniciará el jueves y tendrá a Barcelona como ciudad invitada.

A los 73 años, María Teresa Carbano es la primera mujer en la presidencia de la Fundación El Libro, la institución que organiza la Feria del Libro de Buenos Aires y que ya tiene 44 años. Fue electa en septiembre de 2018 por unanimidad de los 14 miembros, todos hombres, por la capacidad “conciliadora” que forjó en sus años en la industria editorial –desde 1991 dirige Ediciones Imaginador, un sello familiar de literatura infantil–, y sus cargos voluntarios en la Cámara Argentina del Libro y la Fundación El Libro. A días de la apertura de la Feria -el jueves 25- adelanta algunos detalles del programa de Ciudad Invitada y de la Feria en general.

-Cuando asumió, ya estaba elegida Barcelona como Ciudad invitada a la Feria, ¿cuáles son las continuidades y cuáles los aportes de su gestión?

-En la Fundación estamos muy acostumbrados a lo que llamo "política de Estado". Pero en este caso, además, participé activamente en la decisión. Entre las nuevas cosas, por ejemplo, hemos tenido contacto con el Ministro de Cultura de la Ciudad, Enrique Avogrado, en el momento en que Montevideo le pasaba a Barcelona la posta. Y hay mucho interés de la Ciudad en que la presencia de Barcelona sea un éxito. Va a intervenir en La Noche de Feria, cuyo acto central es el concierto de Silvia Pérez Cruz.

-¿Qué otras novedades tendrá esta 45ª Feria?

-Como parte de la movida de Barcelona van visitar la Feria cinco bibliotecarios. Se hizo un acuerdo con Acción Cultural Española, que subsidia el pasaje y la estadía de estos bibliotecarios catalanes, y la Feria, que entrega a cada uno dinero para comprar libros. La experiencia de nuestra Feria con las bibliotecas populares, ese movimiento de traer 1.300 bibliotecarios, es único. La gente de Guadalajara lo ha estudiado para ver si lo podían implementar… Y en una reunión con Eduardo Fernández Palomares, de Acción Cultural Española, me decía que les interesa replicarlo. Nosotros los esperamos porque son 1.300 compradores de libros, los expositores concedemos un descuento del 50 por ciento, que es importante. Y los bibliotecarios lo toman como un derecho adquirido. En este momento, el presidente de CONABIP es Leandro de Sagastizábal, hemos hablado con él sobre el recorte en el presupuesto nacional, que afectó a Cultura, y a Conabip se le hizo un recorte, pero no tanto. Si bien van a traer un poco más de dinero que el año pasado, el viaje será para un bibliotecario por biblioteca. Bueno, sigue el programa Librero Amigo, por el que los expositores les hacen un 50 por ciento de descuento y la Fundación les da la logística gratis hasta 150 kilos de libros. Y tenemos el mismo programa para los visitantes extranjeros (mediante un convenio logístico con DHL, hasta 50 kilos de libros y descuento en el resto). Esto tampoco existe en otra Feria. Después, obviamente, van a estar el Festival de Poesía, Festival Literario, el Diálogo de escritores Latinoamericanos, La Maratón de Lectura, etc.

-La inauguración de la Feria es un episodio particular. El año pasado hubo una protesta que impidió que dos ministros hablaran. ¿Qué se hará ahora?

-Es importante poner las cosas dentro del marco correspondiente. Se trata del acto de inauguración de la Feria del Libro, dentro de un espacio privado que pagamos nosotros. Esto parece duro pero somos nosotros los que hacemos ese acto y es importantísimo que sea un acto donde todo el mundo pueda hablar, que no se le niegue la palabra a nadie. Ese es el principal valor. Siempre hubo situaciones en los actos de inauguración que al día siguiente aparecían en las noticias. Son inolvidables los debates entre el ex Ministro de Educación Sileoni y el ex Ministro de Cultura porteño (Hernán) Lombardi, además ambos muy buenos oradores, dos militantes políticos que se sacaban chispas. La presencia de Roberto Manguel tuvo también presiones, cuando un grupo de empleados de la Biblioteca Nacional se expresó en el momento que él comenzó a hablar, pero luego Manguel pudo hablar.

Fuente: Clarín.

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