Irrespirable

Ciudad de México bajo la contaminación.

Una veintena de incendios durante el fin de semana generan una crisis ambiental en la capital y la Secretaría de Educación le suspende el recreo -y deportes al aire libre- a los alumnos de primaria.

La contaminación ambiental se ha vuelto la última gran pesadilla de Ciudad de México. Una veintena de incendios durante el fin de semana han convertido el ambiente de la metrópolis en una agonía para sus habitantes y quienes trabajan en ella —más de 20 millones— que enfrentan este lunes el cuarto día consecutivo con altos niveles de ozono y de partículas contaminantes en el aire.

La crisis se agravó notablemente este domingo por la noche y el Gobierno, encabezado por Claudia Sheinbaum, decidió decretar una alerta ambiental con el objetivo de “reducir la probabilidad de afectaciones en la salud de la población”.

Este lunes, la Secretaría de Educación ha tomado medidas contundentes. Desde la mañana, la institución decidió prohibir temporalmente el recreo de los niños de primaria y cualquier actividad física al aire libre. Incluso, ha recomendado que los alumnos con enfermedades respiratorias no acudan estos días a clase hasta que se restablezca la situación.

Los problemas empezaron el viernes por la tarde. Los niveles de contaminación ambiental en una ciudad que vive al borde de la contingencia se dispararon alrededor de las tres de la tarde de ese día y no han parado de aumentar desde entonces. El humo producido por una veintena de incendios en la ciudad y una treintena más en el Estado de México, la entidad que rodea la capital, agravó la situación ya de por sí delicada y cubrió a la metrópolis de un aire más oscuro y espeso de lo normal.

El Gobierno de la ciudad justificó este domingo que la combinación entre el humo emitido por los incendios y la ausencia de vientos fueron las causas de que el ambiente se volviera tóxico. Esta fórmula fatal fue lo que empujó, según explica el comunicado oficial, a toda la Zona Metropolitana del Valle de México, donde viven más de 20 millones de personas, al borde de la crisis.

El mensaje advertía además a los ciudadanos de los posibles riesgos de salud e incluía una lista de actividades a evitar para contribuir con la situación, como cocinar alimentos con leña, prender velas o fumar. A pesar de que la Administración capitalina ha intentado cargar casi toda la responsabilidad en el fuego, los números negativos en la contaminación ambiental que sufre la urbe van más allá de los sucesos de este fin de semana.

M{as Información en El País

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