Detrás de la propuesta de Grande hay sólidos fundamentos históricos, culturales, sociales, legales, económicos y sanitarios.

Para reglamentar el tráfico legal, que supera los 24 millones de dólares por su actividad clandestina, el diputado salteño Martín Grande recibió apoyo a nivel nacional.

Desde 1989 la tenencia y consumo de hojas de coca en su estado natural, destinado a su masticación o a infusiones, están permitidos en todo el país.

Fue un diputado nacional cerrillano, Juan Carlos Castiella, quien con categóricos informes médicos y científicos logró que el Congreso de la Nación apartara al coqueo de la ley nacional de estupefacientes.

Treinta años después, otro diputado nacional de Salta, Martín Grande, con el apoyo de pares de distintas bancadas, insiste ante autoridades nacionales y locales sobre la necesidad de reglamentar el ingreso y comercio de la hoja de coca para los usos que están autorizados por el artículo 15 de la ley nacional 23.737 desde hace tres décadas. "Para ello solo se necesita adecuar un artículo del Código Aduanero", aclaró a El Tribuno el exlegislador radical que en 1989 demostró que la hoja de coca "no es un estupefaciente" ni un "vicio pernicioso". Así la había calificado Jorge Rafael Videla en el decreto nacional 648, del 17 de marzo de 1978, con el que prohibió su importación legal hacia la zona de consumo habitual que abarcaba a Salta, Jujuy y Tucumán desde 1958.

Castiella recordó que antes de que se firmara en Nueva York el Convenio Único sobre Estupefacientes, en 1961, las leyes aduaneras permitían importar hasta 190.000 kilos de hojas de coca que se expendían a través de farmacias en forma libre, legal y controlada.

Detrás de la propuesta de Grande, como en la de Castiella en su momento, hay sólidos fundamentos históricos, culturales, sociales, legales, económicos y sanitarios, pero la iniciativa está estancada en los niveles de decisión nacional por las inflexibles interpretaciones de los convenios internacionales que se firmaron en los años 60 y 70.

En Salta, como en otras vecinas provincias del norte, el coqueo es una costumbre que está enraizada desde tiempos inmemoriales en comunidades originarias, trabajadores rurales, choferes y empleados públicos y privados.

También mascan hojas de coca con mayor o menor asiduidad profesionales, deportistas, artistas, médicos, fiscales, jueces, diputados, senadores, concejales, intendentes, ministros e incluso gobernadores.

Fuente: El Tribuno.

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