General Martín Miguel de Güemes

Güemes nació el 8 de febrero de 1785 en Salta y se destacó en la Guerra de la Independencia.

El 17 de junio de 1821 falleció Martín Miguel de Güemes, héroe de nuestra Independencia, también llamado el Padre de los Pobres.

En 2016 el Senado de la Nación estableció el 17 de junio como Día Nacional de la Libertad Latinoamericana. En esa fecha en el año 1821 falleció Martín Miguel de Güemes. Héroe de nuestra Independencia, el Padre de los Pobres. Su gesta invalorable significó múltiples sufrimientos e increíbles muestras de coraje vividas por nuestros patriotas en los confines de nuestro territorio. Fue pieza fundamental como colaborador de San Martín con sus gauchos “los infernales de Güemes”. Defendió con bravura esa imposible frontera del Norte. Nueve invasiones acosaron a los patriotas. El enemigo estaba muy bien pertrechado, no así los humildes gauchos. Las poderosas fuerzas de los godos habían vencido a Napoleón.

Los indeseables traidores a la causa no faltaron. A quien el pueblo conocía como “Barbarucho” -era en realidad José María Valdez, un perjuro coronel salteño que seguía las órdenes de España. Luis Güemes, nieto del Padre de los Pobres, cuenta en uno de los doce tomos de “Güemes documentado” que cuando los traidores de la Patria Nueva vieron el momento propicio enviaron con un plan premeditado a una misión a cargo de Barbarucho. El objetivo era tomar al General por sorpresa. Un comerciante pagó cinco mil miserables pesos. Ese fue el precio vil para definir la vida de un hombre que nació rico para morir pobre, por entregar todo por la gran nación americana.

Con emocionadas palabras en la publicación de referencia relata el nieto: “En aquél amanecer del 17 de junio de 1821 balbuceaban las bocas barbudas de tus gauchos: el general don Martín se muere, se está muriendo...”. “Y en los oscuros ojos se escapaban lágrimas como gotas de rocío”. Su muerte fue tratada con desprecio en Buenos Aires. Por el contrario en Salta la ceremonia fúnebre fue multitudinaria. Una inmensa muchedumbre, pueblos enteros fueron a tributar al grande hombre su ofrenda de lágrimas y plegarias.

En estos días, en que no siempre se tiene en claro todo lo que costó ser un país libre, esta fecha debe hacernos reflexionar y sentirnos orgullosos de nuestra República Argentina.

“Es hora de dejar de hacernos daño”

¿El pueblo argentino irá hacia atrás? ¿Elegirá el pasado y negará el futuro? Muchas veces nuestras creencias nos impiden ser mejores empobreciendo nuestros valores, convirtiéndose en un freno o límite para crecer. ¿Podrá el pueblo darse cuenta de la trampa? Existe un camino plagado de corrupción e intentos de concentración de poder en claro mensaje destructivo de la República. Tenemos voces que aparentan ser idóneas, pero sólo contribuyen a atizar los fuegos abiertos. Nada aportan a la paz de los argentinos.

¿Podrá el pueblo darse cuenta del daño que se le hace a una persona al darle todo? Porque si se desea anular al otro, solo hay que evitarle el esfuerzo, impedir que trabaje o se proponga enfrentar sus propios problemas. Evitarle las dificultades de cada día y darle diversión sirven para obnubilar sus razonamientos, sacando conclusiones erróneas al ver cuánto le dan.

No podemos estar deseando cambiar leyes con funcionalidad al sector político que sirvan de justificación a sus acciones corruptas. No debemos aceptar por presos políticos a ladrones de bienes y dineros públicos. Todas nuestras acciones, omisiones, silencios y palabras causan efecto, traen consecuencias. Pero la responsabilidad nos habla de esto y nos permite hacer una vida trascendente, con sentido. Por eso al momento de elegir debemos recordar hacia dónde queremos ir.

Es hora de dejar de hacernos daño, de dejar de seguir a líderes mesiánicos cuyo único propósito es obtener poder y dinero. Debemos recuperar el país que alguna vez fuimos porque la decencia garantiza nuestra libertad.

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