Miedo a las tormentas

El miedo de los niños es normal. Mientras intente ayudar a su hijo a dominar sus temores, recuerde que es importante mostrarle afecto y motivarlo. Nunca le castigue ni le haga de menos por sus temores.

El temor a las lluvias fuertes es algo frecuente en los más pequeños de la familia. Consejos y recomendaciones para acompañarlos y ayudarlos a afrontar ésta situación.

El temor a las tormentas es común en los niños. Hay muchas cosas que podés hacer en casa para aligerar la ansiedad de tu hijo, pero si el temor a las tormentas no mejora o la ansiedad empieza a interferir con las actividades diarias, es tiempo de pensar en hacerlo hablar con un terapeuta o un consejero, según comenta el Dr. Stephen Whiteside, Psicología de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota.

 

El temor a las tormentas

Es natural que, durante una tormenta, un niño busque consuelo en los padres. Las tormentas son atemorizantes y para los niños que les tienen mucho temor, el problema mayor no es la tormenta misma, sino la anticipación de que se avecina. Esa anticipación puede conducirles a estrés y ansiedad continua.

Muchos niños dudan en salir de casa cuando creen que puede haber tormenta y hasta intentan evitar hacer cosas afuera. Ese tipo de estrés puede interferir con otros aspectos de su vida, como el trabajo escolar, porque el temor les impide concentrarse. Esto también puede ser difícil para los padres, porque el niño constantemente necesita que lo tranquilicen y le digan que no habrá ninguna tormenta.

 

Cómo ayudar al niño que siente temor y ansiedad por las tormentas

Hay varias cosas que podés implementar para aliviar el temor de tu hijo. Algunos niños encuentran consuelo en saber el plan para mantenerse a salvo en caso de una tormenta. Algunos ejemplos son:

  • Hablá con tu hijo: acerca de lo que debe hacer la familia durante una tormenta, incluso cuando estén afuera o lejos de casa.
  • Tranquilizá a tu hijo: diciéndole que vas a hacer todo lo posible para mantenerlo a salvo.
  • Informate sobre las tormentas: esto también puede ayudarlo. Hay libros, sitios web y otros recursos que hablan sobre las tormentas y son un buen punto de partida para que tu hijo aprenda más al respecto.
  • Entender por qué se produce una tormenta: puede aliviar la ansiedad del niño respecto a cuándo se presentará, pero tené cuidado de ver que las fuentes de información se enfoquen en las tormentas mismas y no en la destrucción que pueden causar.
  • Intentá ayudar a tu hijo: ayudá a que tu hijo reduzca los “comportamientos seguros”, que son las cosas que él hace para sentirse un poco mejor, pero que realmente no sirven de nada para mantenerlo seguro, como revisar el pronóstico del tiempo o preguntar si se dirigen a un refugio.

Cuando los niños dependen de estos comportamientos para sentir seguridad, eso les impide aprender a manejar las incertidumbres de la vida. A medida que estos comportamientos disminuyen, los niños se dan cuenta que son capaces de tolerar la incertidumbre de lo que está ocurriendo y que las cosas, por lo general, salen bien.

Mientras intentás ayudar a tu hijo a dominar sus temores, recordá que es importante mostrarle afecto y motivarlo. Nunca lo castigues ni lo hagas de menos por sus temores.

 

Cuándo llevarlo al terapeuta

Si el temor continua presente a pesar de tus esfuerzos, si empeorara o si se volviera doloroso para vos como madre o padre, entonces, es el momento de buscar ayuda profesional.

La terapia que se aplica para la ansiedad por las tormentas consiste en ayudar al niño a confrontar su temor. Es posible que empiece simplemente por hablar sobre las tormentas. Luego, se puede pasar a leer acerca de ellas y a ver videos de tornados, huracanes y otros tipos de tormentas fuertes. Al final, el niño logra estar de pie afuera en la lluvia o junto a una ventana para ver cómo se desenvuelve la tormenta.

Obviamente, uno de los problemas es que el terapeuta no puede hacer ningún conjuro especial para que haya una tormenta durante la sesión terapéutica. Por eso, en su lugar, se prepara un plan y se hace una representación de lo que el niño puede hacer para manejarse durante la tormenta a fin de hacerle sentir confianza respecto a que sabe lo que tiene que hacer llegado el caso.

Fuente: Buena Vibra

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