Salud auditiva

Se estima que nuestros jóvenes pueden estar adelantando la aparición de problemas auditivos en veinte años.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 1.000 millones de jóvenes en el mundo están en riesgo de sufrir pérdidas de audición por estar expuestos a prácticas nocivas, como escuchar música a volúmenes muy altos o frecuentar lugares con elevados niveles de ruido.

La Organización Mundial de la Salud (OMS)  pone el foco en los 43 millones de personas de entre 12 y 35 años de países desarrollados, con niveles de ingresos medios y altos, que ya padecen pérdidas de audición incapacitantes por esta exposición tan nociva.

  • “El ruido puede dañar gradualmente nuestra audición de manera permanente e irreversible y lo hace en función de dos factores: la intensidad y el tiempo de exposición. Se dañan inicialmente las frecuencias agudas, pero si continuamos se acaban dañando las graves y medias, en una pérdida de audición similar a la del envejecimiento”, afirma a Correo Farmacéutico, Mª José Lavilla, presidenta de la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Seorl-CCC).

Esta preocupación la comparte Mª Luisa Mompó Marabotto, pediatra en Quirón Salud Valencia, que recuerda que, según la OMS, un 60% de los casos de pérdida de audición en los adolescentes se debe a causas prevenibles. “Este grupo de población no es consciente de las consecuencias de estos excesos sonoros y, por tanto, no consulta hasta que no empiezan a notarlas, como la aparición de acúfenos, zumbidos permanentes al acostarse por las noches o la disminución de la audición”, explica. Además, recuerda que es entre los 15 y los 17 años, sobre todo si existe susceptibilidad genética, “cuando el oído es más sensible a su afectación”.

 

Volumen excesivamente alto

Entre esas causas prevenibles Lavilla hace hincapié sobre todo en el uso de reproductores personales de música con auriculares a volúmenes excesivamente elevados. “Hablamos de la actividad diaria más popular entre los universitarios”, advierte; una práctica que, como añade, está condicionando que la pérdida auditiva aparezca a edades cada vez más tempranas: “Se estima que nuestros jóvenes pueden estar adelantando la aparición de problemas auditivos en veinte años. Es decir, se están manifestando a los 40 años trastornos típicos de personas de 60 años, con lo que esto conlleva, ya que pueden ser futuros sordos prematuros”.

  • La experta de la Seorl-CCC destaca la importancia de advertir “encarecidamente” a los jóvenes de que cumplan las recomendaciones legisladas del producto, no escuchando música a un volumen superior “al del estándar mínimo de salida automático con el encendido, que es menor de 85 dB, y nunca sobrepasando los 100 dB”.

Su advertencia la secunda Mompó, que añade que, según las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría, los jóvenes deberían poder escuchar las conversaciones que les rodean mientras escuchan música. “Hay que concienciarlos de que la audición es tan importante como la vista y que deben de proteger sus oídos contra aquello que se considere potencialmente peligroso”, argumenta. La OMS, en ese sentido, aboga por lo que se conoce como la regla del 60-60, que consiste en no escuchar música con estos reproductores personales durante más de una hora al día y a un nivel máximo del 60 por ciento de la capacidad de sonido del dispositivo.

 

Auriculares que ajusten bien

Asimismo, Lavilla recomienda el uso de cascos o auriculares “que se ajusten bien y, a ser posible, que aíslen del ruido del entorno”, ya que si cumplen estos dos criterios permiten escuchar música con claridad a volúmenes bajos. También aconseja hacer un buen uso de las posibilidades que brinda la tecnología, sobre todo de los teléfonos inteligentes, convertidos hoy en reproductores personales de música, “para medir los niveles de exposición al ruido y conocer el riego de pérdida de audición”.

La especialista hace un llamamiento a los padres, muchos de los cuales ya han crecido entre walkman, discman o mp3. Por ello, Lavilla apela al buen ejemplo de los progenitores que, en su opinión, “no deberían regalar alegremente a sus hijos productos que puedan dañar su salud y, si lo hacen, debería ser con responsabilidad, inculcando a sus hijos la idea de escuchar sin riesgos”.

 

Revisiones

Dado el aumento de los casos de pérdida de audición por malos hábitos, la pregunta es si deberían implantarse revisiones audiométricas a edades más tempranas. Para responder a esta cuestión, Mompó  trae a colación lo que propone la Academia Americana de Pediatría, que recomienda que entre los 11 y los 14 años y entre los 15 y los 17 años se realice una evaluación, con el fin de detectar daño auditivo en los tonos más altos y saber si tienen pérdida auditiva de alta frecuencia.

 

Ruidos que son insoportables y dolorosos

La Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello afirma que si hay una exposición a 100  decibelios (dB) no se debería hacer por más de un cuarto de hora al día para evitar el daño, y si se hace a 110, no  más de 1 minuto. Además, el ruido llega al umbral del dolor cuando se superan los 125 dB y puede ser insoportable a los 140.

 

Para ser más ilustrativos, esta sociedad ha hecho un listado de ruidos con sus dB:

- Pájaros trinando: 10.- Rumor de hojas de árboles: 20.- Oleaje suave en la costa: 30.- Zonas residenciales: 40.- Charla normal: 50- 60.- Lavavajillas: 60.- Aspiradora: 65.- Conversación acalorada (oficina): 80.- Tráfico rodado en la ciudad: 80-85.- Claxon: 90.- Motocicleta: 90.- Sierra eléctrica y cascos de música: 95.- Discoteca y petardos: 110.- Concierto de rock, taladro: 120.- Sirena de tren o alarma de incendio: 125.- Avión despegando: 140.

 

Fuente: Cuidate Plus

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