Argentina cierra las fases de grupos con Polonia.

En la próxima instancia, Argentina será rival de Serbia o España.

La Selección de Sergio Hernández consolidó su invicto ante los europeos, llegó como líder a los cuartos de final y desplegó un básquet maravilloso al vencer por 91-65.

 Intratable es este equipo. Molesto. Difícil, mañoso. Cuanto más difícil es el objetivo, mejor juega. En el cierre del Grupo I, por la 2ª fase, enfrentaba a Polonia, que también llegaba invicto (4-0), y lo sacó a pasear como si fuera un equipo de barrio. Tremenda presentación para ganar 91-65 y esperar a un cuco en cuartos: España o Serbia. 

Es repetitivo, pero eso lo hace más cierto aún. La defensa de este equipo es granítica. No porque los argentinos sean torres, físicamente rocosos como los rusos, por ejemplo, sino por la vocación y atención que le ponen al robo del balón, a los bloqueos. Luego, con la misma entrega, sale de contra y lastima. Roba y golea, ésa es una receta. Entonces, Polonia sufre 23 pérdidas y Argentina (16 robos) termina 20-8 en puntos de contra y 60-26 en la pintura. Scola, con 21 tantos y 22 de valoración, fue la figura.

Ese libreto generó que no fueran necesarios los triples, una puntería exquisita para desatar una madeja y luchar punto a punto. Ya el primer cuarto arrancó 20-14 con la prestación de Delía (10 puntos y 4 rebotes), que marcó el camino.

De entrada en el segundo, un doble y un triple de Brussino provocó que el DT rival pidiera minuto. Los polacos no podían zafarse de la figura silenciosa que Argentina disfruta en Garino, un defensor implacable que secó al conductor polaco, Ponitka, quien apenas terminó con 4 puntos y 16 minutos en cancha. Al descanso se fueron 42-27, cada vez más lejos.

El tercero empezó con un buen pasaje polaco porque la Selección se metió en una de sus habituales siestas: 2-6 de cancha y tres pérdidas permitieron que los europeos se acercaran a nueve (46-37). ¡Para qué! La respuesta fue un parcial de 14-0 y los polacos metidos en un flipper en el que no sabían por dónde pasaba la bola. El partido terminó en ese chico, con Argentina yéndose de la cancha con un morboso 70-41.

Naturalmente, el cuarto no fue gravitante. Polonia no dio más lucha y Oveja Hernández metió a todos los suplentes. El daño estaba hecho hacía rato.

 

Fuente: Olé.

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